Es un tira y afloje diario que se juega en Casa Rosada pero que se resolverá en el Senado. La disputa interna del Gobierno respecto a si aceptar o no los cambios que le exigen los aliados para aprobar la reforma laboral se resolverá en febrero, cuando el texto llegue al recinto y la presión de los gobernadores obligue a cambiar algunos puntos sensibles sobre la marcha. Así lo advierte la mesa política libertaria, que trabaja en cerrar las sesiones extraordinarias con un triunfo político, y así lo advierte el peronismo, que sospecha que la reforma laboral se aprobará en general y que el desafío será conseguir el número para voltear la mayor cantidad de artículos posibles.
En eso coinciden tanto peronistas kirchneristas como libertarios con afán negociador, como Santiago Caputo o la misma Patricia Bullrich: la ley va a salir, pero no sin cambios. Los primeros lo repiten con resignación, pero los segundos lo sostienen casi como un desafío. No todos en Casa Rosada adhieren al pragmatismo del ala dialoguista de La Libertad Avanza e insisten, como lo hace Luis “Toto” Caputo, en avanzar con el texto tal como fue dictaminado. Es decir, sin concesiones a las provincias y sin concesiones a la CGT.


