La dieta por tipo de sangre es un enfoque nutricional difundido desde 1996 por el médico estadounidense Peter D’Adamo, quien sostiene que el grupo sanguíneo influye en la forma en que el cuerpo procesa los alimentos. Según esta propuesta, las lectinas presentes en ciertos productos interactúan de manera distinta con cada tipo ABO.
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En los últimos años, este modelo volvió a ganar visibilidad en redes sociales y blogs de salud. Personas en distintos países la adoptan como una guía para mejorar su alimentación, aunque la comunidad científica mantiene reservas sobre su validez.
Este esquema resulta atractivo por su simplicidad y personalización aparente.
Quienes siguen la dieta por tipo de sangre suelen reportar:
Especialistas señalan que estos efectos se relacionan más con la reducción de ultraprocesados que con el tipo sanguíneo.
Revisiones científicas, como la publicada en American Journal of Clinical Nutrition, concluyen que no existe evidencia sólida que vincule el grupo sanguíneo con necesidades nutricionales específicas:
Mitos y verdades sobre el cuidado bucal
El consenso médico indica que una alimentación equilibrada y personalizada sigue siendo la mejor opción.
A diferencia de la dieta mediterránea o la basada en plantas, este enfoque carece de respaldo clínico amplio. Nutriólogos recomiendan usarla solo como referencia inicial y ajustarla con asesoría profesional.
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