Bad Bunny terminó el concierto resignificando el tan gringo “God Bless America” para incluir a todo el continente.Bad Bunny terminó el concierto resignificando el tan gringo “God Bless America” para incluir a todo el continente.

Música contra la redada y el genocidio

2026/02/10 18:13
Lectura de 4 min

2026: nuevo orden global, extrema derecha con presencia amenazadora en más países occidentales, creciente odio racial… Cuando parecía que la guerra cultural estaba perdida, al menos en Estados Unidos, el mundo de la música se perfila como un terreno de resistencia. Los artistas que se posicionan políticamente en contra del autoritarismo alcanzan objetivos cruciales como defender la memoria pública cuando el gobierno intenta reetiquetar la historia.

El silencio como denuncia: Philip Glass y el Kennedy Center

El rebautizo del Kennedy Center como “Donald J. Trump and the John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts” fue leído como un asalto a la memoria histórica: no solo se cambia una placa, se usa un “memorial vivo” creado por ley para legitimar la presidencia autoritaria de Trump. La respuesta vino de Philip Glass, quien retiró el estreno de su Sinfonía No. 15 “Lincoln”, inspirada en el Discurso del Liceo de 1838, donde Abraham Lincoln advierte que la destrucción de Estados Unidos, si llega, “debe brotar de entre nosotros; no puede venir del extranjero”. Presentarla capturados por el rebranding ideológico, sostuvo, habría sido abdicar de una responsabilidad moral elemental.

Del memorial al asfalto: Springsteen

Si Glass politizó el silencio, Bruce Springsteen eligió el sonido frontal. En el “Invierno del 26”, Minneapolis se volvió escenario de un despliegue federal militarizado de ICE y Homeland Security que detonó resistencia comunitaria y tragedia: los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti. Springsteen respondió con “Streets of Minneapolis”, canción que denuncia a Stephen Miller y Kristi Noem y revierte la retórica: donde el nacionalismo presume el “dawn’s early light”, él ilumina humo, balas de goma y “huellas sangrientas donde debería haber misericordia”; y valida el contrapoder civil: “silbatos y teléfonos” como documentación ciudadana. Grabar al Estado se vuelve defensa de la verdad.

Bad Bunny: “ICE out”, God Bless America y el español como acto político

Ningún escenario revela mejor la disputa por “quién pertenece” que el ritual deportivo más patriótico. Bad Bunny llegó al Super Bowl para hacer sufrir a los republicanos, quienes incluso organizaron un “halftime show” alternativo de folk y solo con artistas blancos. Bad Bunny siempre ha mantenido un discurso político pro derechos, pero quizás lo que más molestó a los conservadores fue un medio tiempo casi todo en español (Lady Gaga bailó salsa, pero cantó en inglés), mientras la administración empuja una campaña de deportaciones sin precedentes y hablar español en la calle se torna peligroso. Bad Bunny terminó el concierto resignificando el tan gringo “God Bless America” para incluir a todo el continente. Orgullo boricua, latinoamericano y migrante. En los Grammys, ya había proclamado: “Antes de agradecerle a Dios, voy a decir: ‘ICE out’… No somos salvajes… Somos humanos y somos americanos”.

Billie Eilish, Rosalía y Gaza: Cuando la neutralidad desaparece

El genocidio en Gaza es la fractura que vuelve imposible fingir neutralidad sin costo. En los Grammys, el grupo de actores, artistas y directores Artists4Ceasefire convirtió la alfombra roja y los discursos en tribuna: el pin de la mano naranja con corazón negro, pensado como humanidad compartida, abrió una guerra de interpretaciones. Billie Eilish voceó el popular “Nadie es ilegal en tierra robada”, que conecta la lucha migrante con la de la población indígena estadounidense; y Rosalía, quien había tenido problemas por no posicionarse en relación al genocidio, da un volantazo y acude, sin anunciarlo, a un concierto de apoyo a Palestina.

Se va formando un marco: la “ventana de overton”

Este activismo no es solo simbólico. En ciencia política se usa el concepto ventana de Overton para describir el rango de posturas que, en un momento dado, una sociedad considera “razonables” o “decibles” en el debate público. Cuando la ventana se mueve, cambian los límites de lo aceptable: lo que ayer era radical hoy puede sonar sensato, y lo que antes se normalizaba empieza a resultar intolerable.

Los datos sugieren movimiento: 60% desaprueba la gestión de ICE; 58% de la clase trabajadora no universitaria rechaza sus tácticas; “Abolir ICE” supera al rechazo (46% vs. 41%); y 84% apoya el derecho a observar y grabar a fuerzas federales. Más que gestos aislados, se consolida un marco: el migrante como vecino, no amenaza; la vigilancia ciudadana como derecho; la memoria común como límite al botín partidista.

El Estado puede conservar presupuestos y control, pero pierde legitimidad cuando la cultura denuncia lo que intenta normalizar. Este activismo no sustituye tribunales ni elecciones: reconfigura el clima moral que vuelve posibles derechos y libertades o intolerables ciertas políticas contra la humanidad.

Lectura sugerida: “P FKN R. How Bad Bunny Became the Global Voice of Puerto Rican Resistance”, de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau (Duke University Press).

Gracias, LGCH.

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