“Espero morir antes del día en que la princesa heredera Mette-Marit se convierta en reina de Noruega”. Ante la crisis sin precedentes que vive la corona, parece una premonición. Quien predijo el caos en la Familia Real fue la princesa Ragnhild de Noruega, hermana del rey Harald.
La princesa Mette Marit, casada con el príncipe Haakon, heredero al trono, está en la mira. Su hijo Marcus Borg, fruto de una relación anterior, es acusado de 38 delitos, entre ellos 4 por violación. Su primer juicio está en proceso ahora. Además, el nombre de la princesa (que se convertirá en reina consorte cuando su marido ascienda al trono) apareció entre los archivos desclasificados del pederasta Jeffrey Epstein, comprometida en una mentira que mancha a toda la Casa Real.
La imagen de la Familia Real nunca estuvo tan cuestionada. Se multiplican, además, las críticas a la monarquía como institución.
Las declaraciones de la princesa Ragnhild contra la posibilidad de que Mette Marit se convirtiera algún día en reina de Noruega tienen más de veinte años. Pero tuvieron gran impacto en la sociedad. La realeza no solía manifestarse así, y mucho menos en público.
Lo dijo en 2004, en una entrevista con la señal TV2. La hija mayor del rey Olaf V y hermana del actual rey Harald V llevaba décadas alejada de los manejos e intrigas de la Familia Real. Vivía “autoexiliada” en Brasil y se regía por sus propias reglas. Pero sabía de qué hablaba: pocos como ella eran capaces de leer con tanta certeza el panorama de la monarquía.
La boda entre el príncipe heredero Haakon Magnus y Mette-Marit, en 2001, hizo suspirar al mundo. Su historia de amor se reprodujo en la portada de todas las revistas. Una plebeya que trabajaba como camarera y, además, era madre soltera iba camino a convertirse en princesa. Porque Mette Marit tenía un hijo, Marius Borg, fruto de una relación anterior con un DJ que tenía antecedentes penales.
La noticia del noviazgo conmovió a la sociedad noruega. Haakon luchó por su amor. Y lanzó una advertencia contundente: si el parlamento no aprobaba a su prometida, él se correría de la línea de asunción. En otras palabras, les dijo “Si no me permiten casarme con Mette-Marit, búsquense otro heredero al trono”.

Tres años después, en aquella polémica e inolvidable entrevista, la princesa Ragnhild se mostró apenada por el niño, que tenía dos años cuando comenzó la relación y cuatro cuando se celebró la boda. “Pobre Marius... aunque ahora tenga seis o siete años, comprenderá que hay una diferencia. Y eso les dará problemas”, vaticinó. Y remarcó la diferencia que habría en el trato que recibiría él y su entorno. Se refería a sus futuros hermanos.
Mette-Marit y Haakon Magnus tuvieron dos hijos, la princesa Ingrid y Sverre Magnus y, así como lo anticipó Ragnhild, Marius creció a su lado. O, mejor dicho, a un lado. Rodeado de los privilegios y los contactos de la Casa Real, aunque -según destacó el príncipe Haakon Magnus- sin sus obligaciones, dado que no forma parte de la Familia Real.
Hoy, las palabras de la princesa Ragnhild resuenan. El hijastro del príncipe heredero está en el ojo de la tormenta. Enfrenta un juicio donde se lo acusa de 38 delitos, entre ellos cuatro presuntos abusos y, a medida que transcurren los días, nuevos testimonios lo hunden cada vez más. Ahora dicen que el hijo de la princesa heredera, de 29 años, tendría un hijo en la clandestinidad...
La crisis de su hijo encuentra a la princesa Mette-Marit con 52 años y problemas de salud. Desde 2018 sufre de fibrosis pulmonar, lo que con frecuencia la obliga a cancelar actividades programadas. Su estado se mantiene resguardado con discreción, aunque significativamente en diciembre, justo previo al juicio de su hijo, la Corona anunció que la princesa heredera necesitaría un trasplante de pulmón.
Solo faltan días para la sentencia de Marius, quien podría llegar a recibir 16 años de cárcel y la situación de Mette-Marit la tiene en jaque: su enfermedad le genera una excesiva fatiga, agotamiento físico y a eso le suma el estrés por la situación de su hijo.
“Tengo que cuidar de Mette-Marit”, declaró Haakon Magnus a la prensa. “Necesita tiempo para recomponerse”, dijo el príncipe, quien pidió “comprensión”.
A los 52 años, el príncipe heredero resiste la crisis como puede. Necesita que termine de pasar la tormenta para así poder ver cómo enmendar los daños. Se preocupa por su padre, el rey Harald, quien primero viajó junto a la reina Sonja a Milán, para apoyar al equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Invierno, en una manera de mantener a la Corona al margen de esta crisis (en su ausencia, el príncipe Haakon Magnus actua como regente). Acaba de cumplir 89 años, una edad donde varios de sus pares ya adbicaron, aunque el rey Harald aun no puede dar un paso al costado.
Este parecer ser un Annus horribilis para la Familia Real. Porque las revelaciones de los archivos del caso Epstein todavía tienen mucho que decir. Muchos nombres de la realeza fueron implicados, no solo el expríncipe Andrés, también el nombre de Mette-Marit aparece mencionado en numerosas ocasiones. Los dichos de la princesa Ragnhild de Noruega apuntando a las malas compañías y las relaciones previas de su sobrina política con hombres vinculados al entorno de las drogas en Oslo hicieron eco.
La princesa Mette Marit no solo conocía a Jeffrey Epstein, el pedófilo quien se suicidó en la cárcel en agosto de 2019, sino que tenía con él una amistad, que incluía mensajes regulares y en tono de complicidad. La princesa incluso pasó cuatro noches en su mansión de Florida junto a una amiga.
En una manera de apaciguar la crisis, la Casa Real emitió un incómodo comunicado. “La princesa heredera quiere contar lo sucedido y explicarse con más detalles. No puede hacerlo ahora porque se encuentra en una situación muy difícil. Espera que se comprenda que necesita tiempo para recomponerse”. Este último comentario sumó dudas por su estado de salud real.
Y, para complicar su situación, se conoció una mentira que afectaría aún más su rol como futura reina. En marzo de 2013, la reina Beatriz de Países Bajos anunció su abdicación, y los futuros reyes, el príncipe Guillermo Alejandro y la princesa Máxima de Orange, organizaron un encuentro con los herederos de las casas reales europeas. Asistieron Felipe y Letizia de España, Victoria y Daniel de Suecia, Felipe y Matilde de Bélgica y… Haakon Magnus, que asistió solo. Dijeron que Mette-Marit estaba enferma. Hoy, los documentos de Epstein señalan que la princesa mintió, para asistir a un encuentro con el pedófilo en Nueva York. La Corona quedó al descubierto al ocultar cómo la princesa eludía sus responsabilidades institucionales.
Las monarquías europeas hoy buscan cómo sobrevivir. Felipe VI de España mostró reflejos para apaciguar la crisis que desataron las revelaciones sobre su padre, Juan Carlos, implicado en hechos de corrupción. En Gran Bretaña, dicen que el príncipe heredero William fue quien instó a su padre, el rey Carlos III, para que soltase definitivamente la mano a su hermano, el exduque de York.
Del comportamiento del príncipe heredero Haakon Magnus dependerá si Noruega mantiene su monarquía. Hay especulaciones de todo tipo. Una de ellas apunta a que la princesa Ingrid -que se mantiene en Sídney, estudiando, alejada de toda polémica- suceda a su abuelo Harald, salteándose a su padre en la línea de sucesión.
Queda por ver si el príncipe heredero Haakon antepondrá lo instituciona lo privado. Algo que por ahora, no sucedió: “Para mí, lo más importante estos últimos días a sido cuidar de los míos. Apoyamos a Marius en su situación. Tengo que cuidar de la princesa heredera y afortunadamente ella también cuida de mí”, declaró en una inusitada declaración pública.

Las declaraciones de la princesa Ragnhild de Noruega suelen ser certeras. En aquella entrevista, también despotricó contra la elección de su sobrina y ahijada, la princesa Marta Luisa, quien estaba por casarse con su primer marido, el escritor Ari Behn, plebeyo como Mette-Marit. “¿Son negativos para la monarquía? Sí, de eso estoy segura“, declaró entonces. Sin saber siquiera que el matrimonio terminaría en divorcio, con Ben sumergido en una profunda depresión que lo llevaría al suicidio en la Navidad de 2019.
Aunque llevaba años alejada de la realeza, la princesa Ragnhild conocía a rajatabla sus reglas. Lo suyo no fue una profecía, sino una visión de quien lo hizo todo para mantener su Casa Real vigente. Falleció el 6 de septiembre de 2012, a los 82 años, en Río de Janeiro. Cumplió con su voluntad: no llegó a ver a Mette-Marit reina.

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