“Cuando entré al departamento y vi el ventanal gigante con vista a todo el azul de la laguna, me dije: ‘Esto tiene que ser algo playero, o nada”, nos cuenta el diseñador Iván Nahas sobre el momento en que imaginó el concepto de su espacio para Experiencia Living 2026.
Nahas vuelve a la muestra curada por Living después de haber participado en la primera edición, en 2022. Esta vez, su propuesta será diferente: acostumbrado a interiores de impronta masculina, sofisticada y con tonos oscuros, la locación lo convenció de ir en otra dirección.
El nuevo espacio estará inspirado en la vida de una mujer de unos treinta años que vive cerca del agua, practica surf y lleva un estilo de vida relajado. “Va a ser clarito, femenino, con mucha madera, lino, persianas de madera”. Para esta edición, además, cuenta con una colaboración muy especial: la de su hija Juana, diseñadora gráfica, que se sumó al proyecto.
Aunque hoy su nombre está asociado al interiorismo residencial y corporativo, el vínculo de Nahas con el diseño empezó mucho antes de que imaginara que sería su profesión. Su madre tenía una fábrica textil junto a con padre, pero la decoración era su gran pasión. “Lo hacía por amor al arte. A cualquier hora podía estar cambiando los muebles de lugar”, recuerda Iván.
“Ella fue la que me inculcó todo esto. En los años 70 y 80 se usaban mucho los remates. Todos los miércoles a la tarde íbamos a la casa Bullrich, donde hoy está el Patio Bullrich. Mi hermana salía corriendo porque no quería saber nada, pero a mí me encantaba”.
Esa influencia marcó profundamente su sensibilidad estética. Sin embargo, la vida tomó otros rumbos. “Tenía 22 o 23 años y viajaba muchísimo. Trabajaba en turismo y pasé varios años viajando por Estados Unidos, especialmente a ciudades como Las Vegas, Los Ángeles y Nueva York. Eso me nutrió un montón visualmente”.
Aunque todavía no pensaba en el diseño como una profesión, su talento empezaba a aparecer de forma natural. Incluso de adolescente, cuarto era famoso entre sus amigos. “En los 80 todos tenían posters; yo también, pero ninguno desentonaba”, se ríe con ganas. "Mis amigos me cargaban porque mi cuarto estaba todo decorado”, se ríe con ganas. “Cuando dos de ellos alquilaron un departamento juntos, hicimos una pared ploteada el skyline de Nueva York. Y nos volvimos locos eligiendo desde los sillones hasta la vajilla”.
A comienzos de los 2000 su camino profesional volvió a cambiar. Junto con su mujer, Mili Ordóñez, desarrolló una cadena de confiterías llamada Decata, que llegó a tener varios locales en la ciudad. “Mi mujer abrió el primer local de cinco en 2003, y yo me encargué de diseñarlo y construirlo”. Durante los años de expanción, el diseño seguía presente, pero de forma paralela. “El interiorismo aparecía cada tanto, cuando algún conocido me pedía ayuda. Y lo hacía con amor, como un hobby. Cobraba dos pesos, pero lo disfrutaba”.
Ese fue el punto de inflexión. Con más experiencia y una mirada madura, decidió enfocarse plenamente en el interiorismo. El trabajo empezó a crecer naturalmente. Casas, departamentos, oficinas y proyectos corporativos comenzaron a multiplicarse. “Yo escucho al cliente y me enamoro del proyecto. Puede ser una casa, un restaurante o una oficina: todos me entusiasman. Además, soy muy amiguero. Con cada cliente genero una relación especial y después me cuesta soltar”, confiesa.
Hoy trabaja con un equipo consolidado que lo acompaña en cada obra. “Está mi asistente, que es arquitecto y renderista, y mi contratista, que es mi mano derecha hace años y hacemos juntos todas las obras”.
Entre los trabajos recientes que acaba de entregar, está el de Tombras, una agencia de publicidad internacional. Primero, diseñó las oficinas de la empresa en Argentina, un proyecto de gran escala que incluyó casi 3.000 metros cuadrados. “Fue una obra enorme, desde cero. Cuando vinieron los directivos de Estados Unidos para la inauguración no lo podían creer”. Ese trabajo abrió una nueva etapa. Ahora está desarrollando el diseño de las oficinas de la empresa en Nueva York y Knoxville, Tennessee.
Entre viajes, obras y nuevos proyectos, Nahas mantiene intacta la energía que lo llevó a dedicarse a esto. “Para mí empezó como un juego cuando tenía 19 años”, dice. Y concluye con una frase que resume su manera de trabajar. “Cuando amás lo que hacés, no se siente como trabajo”.
