En el Parque Nacional de los Volcanes, los científicos están utilizando el ADN ambiental, o eDNA, para detectar gorilas de montaña, monos dorados y otras especies sin depender únicamente de avistamientos directos.
Este enfoque lee los rastros genéticos dejados en el suelo y el agua, incluyendo pelaje, saliva y heces. La Fundación Africana de Vida Silvestre está introduciendo este método junto con el gobierno ruandés y grupos de conservación. Su objetivo es lograr un inventario más amplio de especies en todo Ruanda.
Esto es crucial en el Parque Nacional de los Volcanes, donde la vegetación densa y el terreno escarpado hacen que los estudios tradicionales sean lentos e incompletos. Los guardaparques, las observaciones de campo y las cámaras trampa siguen siendo importantes. Sin embargo, el eDNA añade otra capa de cobertura. Patrick Nsabimana, director nacional en Ruanda de la Fundación Africana de Vida Silvestre, afirmó que el monitoreo ecológico es fundamental para la conservación del hábitat. Señaló que se eligió el eDNA para complementar los métodos existentes.
La tecnología también ofrece escalabilidad. Los científicos señalan que una sola muestra de ríos, estanques o humedales puede identificar varias especies a la vez. Deogratias Tuyisingize, del Fondo Dian Fossey para los Gorilas, indicó que un solo kit puede evaluar anfibios, mamíferos y aves. Esta eficiencia es valiosa en un país donde la recopilación de datos en hábitats remotos es costosa y requiere mucha mano de obra.
Para los socios de desarrollo, el proyecto va más allá de la vida silvestre. Apunta a la creciente demanda de sistemas de datos de biodiversidad, capacidad de laboratorio y asociaciones científicas que pueden expandirse por toda África Oriental. El modelo también respalda una mejor planificación de las áreas protegidas, especialmente donde la presión climática y la actividad humana están remodelando los hábitats.
El proyecto piloto todavía tiene limitaciones. James Munyawera, del Fondo Dian Fossey para los Gorilas, señaló que el eDNA muestra la presencia, pero no la abundancia. También indicó que no localiza la ubicación exacta. Los rastros de ADN pueden viajar por el agua o permanecer después de que los animales se hayan marchado. Esto significa que el eDNA funciona mejor como complemento, no como sustituto, de otras herramientas de monitoreo.
El proyecto también pone de relieve una brecha estructural en la ciencia de la biodiversidad africana. Los investigadores señalan que la región aún carece de suficientes bases de datos de referencia genética para identificar especies con precisión a partir de muestras. En respuesta, los equipos en Ruanda están construyendo bases de datos regionales y capacitando a guardaparques y comunidades locales para la recolección de muestras.
Esto crea un caso de inversión más claro. Está surgiendo demanda de herramientas de campo de baja perturbación, servicios de laboratorio y plataformas de datos que puedan respaldar la conservación a gran escala. A medida que se desarrolla el piloto de Ruanda, los inversores y donantes observarán si el eDNA puede pasar de ser una prueba a nivel de parque a un estándar regional para el monitoreo de la biodiversidad y la financiación de la conservación.
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