Hasta ahora, Japón ha adoptado un enfoque que prioriza la innovación en la gobernanza de la IA, evitando normas estrictas o sanciones que podrían frenar la adopHasta ahora, Japón ha adoptado un enfoque que prioriza la innovación en la gobernanza de la IA, evitando normas estrictas o sanciones que podrían frenar la adop

¿Será Japón el próximo líder mundial en IA?

TOKIO – Abunda el pesimismo sobre la IA, y muchos temen una pérdida generalizada de puestos de trabajo, un aumento de la desigualdad e incluso la creación de máquinas letales. Sin embargo, en Japón se respira un marcado optimismo. Creemos que la IA ayudará a nuestro país a superar la grave escasez de mano de obra, a mejorar la vida cotidiana de las personas y a recuperar el liderazgo tecnológico global.

Según una encuesta de Ipsos, a una cuarta parte de los japoneses les preocupa el impacto que prevé que la IA tendrá en sus vidas -la proporción más baja de los 32 países encuestados-. Solo uno de cada diez japoneses cree que la IA empeorará el futuro, muy por debajo del pesimismo de más de un tercio de los estadounidenses con respecto a esta tecnología.

Esta divergencia refleja varios factores, pero uno de los más importantes puede ser la larga historia de Japón en el trabajo con máquinas. Nos resulta fácil imaginar aplicaciones y dispositivos alimentados por IA que ayuden a los seres humanos, en lugar de sustituirlos. En un momento en el que la mano de obra de Japón se está reduciendo -el 30% de los japoneses ya tiene 65 años o más-, el ahorro de mano de obra que supone la IA será clave para impulsar la productividad y salvar industrias críticas.

Teniendo en cuenta este futuro, mi empresa, Rakuten, ha invertido en el desarrollo de modelos lingüísticos grandes y pequeños, optimizados para la lengua y la cultura japonesas. Utilizamos la IA para transformar servicios críticos, como las redes móviles. En lugar de las redes del pasado, limitadas por el proveedor y centradas en el hardware, la red de Rakuten Mobile posibilita sistemas flexibles, lo que les permite a los operadores combinar y adaptar componentes, minimizando, al mismo tiempo, el consumo de energía. Los posibles fallos se notifican, se revisan y se solucionan -todo a distancia-. Las actualizaciones de software son frecuentes. La red “aprende” y realiza correcciones de forma autónoma.

Esta innovación depende de un entorno regulatorio propicio. Afortunadamente, hasta ahora Japón ha adoptado una estrategia que prioriza la innovación en la gobernanza de la IA. La Ley de Promoción de la IA de Japón, aprobada el año pasado, no impone reglas ni sanciones estrictas que puedan frenar la adopción o la experimentación de la IA, y crea espacio para una cooperación estrecha entre los sectores público y privado. Como se señala en un informe técnico del 2024, el objetivo es convertir a Japón en el “país más favorable a la IA” del mundo.

Esto contrasta con el enfoque de la Unión Europea, centrado en mitigar los riesgos, que se refleja no solo en su Ley de IA del 2024, sino también en las normas que limitan el acceso a los datos que necesitan los desarrolladores de IA. Otros innovadores en materia de IA van a la zaga de Japón en cuanto a establecer entornos propicios. Algunos priorizan la estabilidad social y la innovación dirigida por el estado, mientras que otros se ven envueltos en largas batallas legales entre los propietarios de derechos y los desarrolladores de IA.

El optimismo de Japón respecto a la IA se traduce en políticas favorables a esta tecnología. Los tribunales japoneses interpretan nuestro marco de derechos de autor de manera que permite el uso de obras protegidas por derechos de autor de terceros para entrenar modelos de IA. Este acceso a los datos atrae a empresas estadounidenses líderes en IA, como OpenAI, a colaborar con empresas radicadas en Japón como la mía.

Sin duda, Japón reconoce la importancia de garantizar el desarrollo seguro de la IA. Fue bajo la presidencia de Japón que el G7 puso en marcha su Proceso de IA de Hiroshima, cuyo objetivo era promover “una IA segura, fiable y confiable en todo el mundo” y proporcionar “orientación a las organizaciones que desarrollan y utilizan los sistemas de IA más avanzados”. Sin embargo, el marco resultante no se centra en regulaciones restrictivas ni en amenazas de multas. Por el contrario, busca ayudar a las empresas a diseñar mecanismos eficaces de gestión de riesgos y fomentar la transparencia en el intercambio de información y la presentación de informes.

Si bien el enfoque favorable a la IA de Japón ya está dando sus frutos, hay algunos escollos que el país debe evitar. Para empezar, Japón debe fomentar una adopción más amplia de las herramientas de IA: en la actualidad, solo la mitad de las empresas japonesas utilizan IA generativa, frente a más del 90% en Estados Unidos, China y Alemania.

Japón también debe evitar obsesionarse con la adopción de la IA a pequeña escala hasta el punto de perder de vista el panorama general -es decir, la importancia fundamental de generar nuestros propios líderes globales en IA-. Debemos fortalecer nuestra infraestructura energética y de nube, invirtiendo en la producción de electricidad (preferentemente a partir de fuentes limpias) y acelerando la concesión de permisos para centros de datos. Debemos evitar dejarnos llevar por nociones contraproducentes de “soberanía digital” y, en su lugar, alentar a los innovadores japoneses a colaborar con empresas pioneras de Estados Unidos y otros países.

Con nuestra población altamente calificada, un entorno regulatorio favorable y nuestra apertura a la IA, Japón está bien equipado para emerger como líder global en IA. Ahora, el gobierno y la comunidad empresarial deben traducir estas fortalezas en resultados concretos.

El autor

Hiroshi Mikitani es fundador, presidente y CEO de Rakuten Group.

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