A menos de dos meses de que se cumplan 50 años del golpe de Estado de 1976, el Ministerio de Defensa volvió a quedar en el centro de la polémica por una ofensiva pública contra los juicios por crímenes de lesa humanidad. El disparador fue un mensaje difundido en redes sociales por Guillermo Madero, jefe de Gabinete del ministro-militar Carlos Presti, en el que cuestionó que los tribunales federales sigan investigando “crímenes ocurridos hace 50 años”, en línea con un editorial del diario La Nación que puso en duda la legitimidad de esos procesos.
El posteo fue publicado el primer día de actividad judicial tras la feria de enero. Allí, Madero sostuvo que los juzgados federales, que también deben investigar narcotráfico y corrupción, se encuentran “colmados” de causas de lesa humanidad que violarían el derecho a ser juzgado en un plazo razonable. El texto replicaba casi de manera literal uno de los argumentos centrales del editorial de La Nación, que presenta los juicios como una fuente de inseguridad jurídica y cuestiona la reapertura de las causas impulsada desde el kirchnerismo.
Sin embargo, varios de los datos difundidos en ese marco son desmentidos por estadísticas oficiales. De acuerdo con la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, el 84 por ciento de los condenados y procesados por delitos vinculados al terrorismo de Estado cumple prisión domiciliaria. En diciembre pasado, incluso, el represor Eduardo Kalinec —condenado a prisión perpetua— accedió a la libertad condicional, en contradicción con la afirmación de que no existen beneficios para los imputados.
La intervención de Madero no fue un hecho aislado. Su trayectoria dentro del Ministerio de Defensa lo ubica desde hace tiempo como una de las voces más activas contra las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Durante su paso previo por la cartera, fue el primer funcionario en negar información requerida por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), que colabora con las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de los niños apropiados durante la dictadura.
En marzo de 2024, además, Madero visitó la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde se alojan represores condenados por delitos de lesa humanidad. Aunque luego justificó la recorrida como una inspección edilicia, organismos de derechos humanos y fuentes penitenciarias señalaron que el encuentro fue recibido con entusiasmo por los detenidos. Meses después, el Gobierno decidió concentrar allí a la mayoría de los represores presos, en una unidad considerada “VIP” por los organismos.
Poco tiempo más tarde, el entonces ministro de Defensa, Luis Petri, dispuso el cierre de los Equipos de Relevamiento y Análisis Documental (ERyA), que desde 2010 aportaban información clave a la Justicia para el avance de las causas por crímenes de lesa humanidad. Tras esa decisión, el fiscal general Miguel Palazzani solicitó que se preservara el acervo documental. La respuesta oficial llevó la firma de Madero, quien objetó el pedido y derivó el conflicto a la Procuración General.
El perfil del funcionario se completa con intervenciones públicas previas. En una columna publicada en Infobae en julio del año pasado, Madero denunció la supuesta “industria” de los juicios de derechos humanos y reivindicó la idea de una “memoria completa”, un concepto habitual en los discursos que relativizan el terrorismo de Estado y equiparan la represión ilegal con la violencia política de los años 70.
La nueva arremetida se produce en un contexto particularmente sensible. Carlos Presti, actual ministro de Defensa, es hijo de Roque Presti, uno de los responsables de la represión en La Plata durante la dictadura. En su gabinete también fue designado Daniel Martella, hijo de Santiago Martella, condenado a prisión perpetua en el megajuicio de La Perla, al frente de la Secretaría de Asuntos Internacionales. Ambos nombramientos reforzaron las críticas de organismos de derechos humanos y sectores de la oposición.
Con un gabinete fuertemente militarizado y una línea discursiva que vuelve a poner en cuestión los consensos construidos desde 1983, la figura de Guillermo Madero aparece como un articulador político clave dentro del Ministerio de Defensa. A 50 años del golpe, sus declaraciones no solo reabren debates que parecían saldados, sino que también anticipan el rumbo de una gestión que vuelve a tensionar la relación del Estado con las políticas de memoria, verdad y justicia.
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