En política, como en el béisbol, hay jugadas cantadas. La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el SenEn política, como en el béisbol, hay jugadas cantadas. La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Sen

La renuncia que llegó con siete meses de retraso

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En política, como en el béisbol, hay jugadas cantadas. La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado, se veía venir. Fue un jonrón con casa llena desde hace siete meses. Fue una lenta y trabajosa labor de pitcheo mediático hasta lograr una ruidosa cuenta regresiva que se fue anotando al ritmo de señalamientos, rumores, herencias milagrosas y negocios ganaderos ganadores.

La historia empezó cuando se señaló una posible vinculación de López Hernández, con el cártel de La Barredora, el grupo criminal que comandaba Hernán Bermúdez Requena, a quien Adán Augusto, con ese olfato tan fino que caracteriza a algunos gobernadores, nombró secretario de Seguridad del Estado de Tabasco. Desde entonces, el senador se convirtió en personaje fijo de la crítica nacional: no había noticiario, columna o sobremesa política donde no apareciera su nombre acompañado del escándalo ciudadano, de la sorpresa partidista y de incómodo silencio.

A ese expediente se le fueron sumando otros documentos igual de interesantes: ingresos millonarios como Notario Público de muchas empresas que recibieron contratos del gobierno y que están involucradas en actos de corrupción. Y cuando parecía que ya no había más que agregar, apareció la estampa inolvidable, el coordinador de Morena en el Senado, en pleno pleno —de plano— viendo el partido Barcelona contra París Saint. Germain. La multitarea llevada a su máxima expresión: coordinar a los legisladores de su partido con un ojo y ver el futbol con el otro. (Al fin que los dos son partidos).

Adán Augusto, no hay que olvidarlo, fue priista. Y como expriista, ejerce las mañas políticas con toda naturalidad, como quien anda en bicicleta en el carril seguro de la avenida Insurgentes. El puesto de coordinador le llegó como premio de consolación tras su fallida aventura como corcholata presidencial. No ganó la grande, pero se llevó la chica, el control del grupo parlamentario en el Senado. Un cargo que, según los personajes más duros de la 4T, sólo se explica porque se lo prometió AMLO. Por lo demás se muestran sorprendidos de que lo sostuvieran siete meses, como si nada pasara, como si el elefante en la sala fuera invisible.

Su renuncia se hizo necesaria para que el costo político no fuera mayor. Circuló el rumor de darle un cargo diplomático, pero no existe el Consulado de México en Transilvania (Rumania). Al preguntarle si había consultado su decisión con la presidenta, Adán Augusto respondió con una frase digna del catálogo de las frases políticas chafas: “Hablé con quien tenía que hablar esas cosas”. Traducción simultánea: sí, pero no les voy a decir con quién.

Aclaró que no solicitará licencia: seguirá bien agarrado a ese salvavidas constitucional llamado fuero. “Voy a hacer también trabajo territorial y de organización partidista”; esto, creo, de cara a la elección legislativa intermedia y a la de algunos gobiernos estatales. Con el prestigio ganado a pulso por Adán Augusto, estas intenciones fueron, curiosamente, aplaudidas por la oposición. No todos los días el adversario se ofrece voluntariamente.

En su lugar llega Ignacio Mier, expriista de más larga data, poblano y con un currículum que incluye haber votado a favor del Fobaproa, primer dato que de su perfil llega a mi memoria. El relevo confirma lo que algunos dentro del movimiento dicen en voz baja y otros ya dicen a gritos: Morena no tiene cuadros, o que los que tiene vienen con un largo historial previo, reciclados, rehechos, pero no precisamente nuevos y los nuevos traen el hambre de transar atrasada (¿atransada?)

Así se cierra —por ahora— el capítulo de Adán Augusto como coordinador legislativo. No se va de la política, no se va del Senado, no se va del movimiento, no se va del presupuesto. Como suele pasar en la 4T, nadie cae, nomás se reacomodan.

Punto final

¿No estaremos viviendo la cuarta transformación del PRI?

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