El novelista peruano Alfredo Bryce Echenique falleció este lunes a los 87 años, tal y como informa El Comercio de Perú. Bryce Echenique nació en Lima en 1939 y es el autor de novelas que son historia de la literatura como Un mundo para Julius, La vida exagerada de Martín Romaña y Tantas veces Pedro. Su obra radiografió con humor y mala leche a la élite peruana.
Murió el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa
Nació el 19 de febrero de 1939 en Lima (Perú), en una familia aristocrática. El autor hizo Derecho en la Universidad Nacional de San Marcos de su país, donde también cursó Letras, doctorándose así años después por La Sorbona de París en Literatura francesa clásica y contemporánea. En 1964, presentó una tesis sobre Ernest Hemingway, transicionando definitivamente al mundo de las letras.
El autor se convirtió en uno de los escritores más destacados del boom latinoamericano, con obras como No me esperen en abril. Además, es un ejemplo de cómo su generación fue compuesta por escritores que, desde distintas perspectivas, retrataron Perú con ironía y también sensibilidad. De hecho, durante su etapa universitaria se relacionó en un ambiente intelectual que lo conectó con la realidad peruana, en contraste con el mundo aristocrático limeño en el que había crecido.
El escritor peruano Alfredo Bryce EcheniqueEl novelista fue parte de una explosión literaria de autores y títulos procedentes del continente americano, promovida por la editorial catalana Seix Barral y a través de su legendario Premio Biblioteca Breve, del que surgieron figuras como los premios Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez, entre otros.
En su paso por esta editorial Seix Barral, responsable de la llegada de autores latinoamericanos hacia España y Europa, publicó el grueso de sus novelas más famosas, como Un mundo para Julius en 1970. Destaca de este periodo el díptico que el autor bautizó como Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire, que comprende las novelas La vida exagerada de Martín Romaña y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz.
Por otro lado, son célebres las obras Reo de nocturnidad (1998), por la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en España, y La amigdalitis de Tarzán (1999). Posteriormente publicaría en Anagrama, y ya en el siglo XXI, haría lo propio con sus volúmenes de lo que él denominó “antimemorias”, Permiso para vivir y Permiso para sentir, tomos en los que hace una crítica ácida, y no exenta de su característica ironía, de la transformación sufrida por Perú a finales del siglo XX.
Bryce, junto a Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, fue uno de los tres grandes exponentes de la literatura peruana de la segunda mitad del siglo XX. Asimismo, fue merecedor en vida del Premio Nacional de Literatura de Perú de 1972 por Un mundo para Julius, así como del Premio Planeta en 2002 por El huerto de mi amada. También recibió en 2002 en Italia el premio Grinzane Cavour por La amigdalitis de Tarzán. No obstante, destacó su rechazo, por convicciones democráticas, de la distinción de la Orden El Sol del Perú que quiso otorgarle el gobierno autocrático de Alberto Fujimori.
Por otro lado, tanto Bryce como Vargas Llosa y Ribeyro compartieron experiencias vitales muy similares, ya que nacieron en familias de la burguesía pudiente de Perú y desde su juventud viajaron al extranjero, principalmente a Francia y España, ya fuera por motivos políticos o por formación literaria. Además, a pesar de regresar con asiduidad a su país de origen, los tres vivieron la mayor parte de su vida en el extranjero.
Aunque Bryce no tuvo una carrera de las dimensiones de la de García Márquez o Vargas Llosa, sí destacó por la peculiaridad de su estilo, donde la ironía, o los narradores más impensables, fueron sus instrumentos para contar relatos llenos de amarga crítica, e incluso de autocrítica, pero siempre con una autoironía y un sentido del humor que las humanizaba y permitía que los lectores empatizaran con ellos.
Sin embargo, su literatura no utilizó la baza del humor como un artefacto para mejorar su potencial comercial, sino más bien como un lubricante para desarrollar las más descarnadas críticas, en especial para su país. Bryce no posee, así, obras de la entidad crítica de los Cien años de soledad de Márquez o de Conversación en La Catedral de Llosa, pero con Un mundo para Julius, una suerte de autobiografía de infancia narrada desde la perspectiva de un niño, consiguió diseccionar la alta sociedad limeña de su juventud sin ningún tipo de concesiones.
Racismo, clasismo, machismo y violencia sexual afloran a lo largo de esta novela en comportamientos que, se presume, Bryce atribuye a sus padres. Y lo hace de un modo tan cruel como ingenuo, que es como se supone que ve las cosas un niño. En otras de sus obras, como La vida exagerada de Martín Romaña, Reo de nocturnidad o El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, la crítica política se diluye en favor del humor, si bien siempre cargado de cuestionamiento a los modos y convenciones sociales.

