El conflicto armado entre Israel, Estados Unidos e Irán, que arrancó el pasado 28 de febrero, sigue “en camino de ida”. Situación que genera innumerable cantidad de preguntas importantes, pero muy pocas respuestas relevantes. Porque las respuestas condicionadas, entendibles, son análisis, no respuestas.
Mis únicos conocimientos militares derivan de haber hecho el servicio militar en 1966, pero esto no me habilita a abrir la boca. Pero un principio económico puede ayudar a imaginar lo que puede llegar a ocurrir. Me refiero a la distinción entre stocks y flujos.
La guerra de Malvinas fue, desde el punto de vista argentino, una guerra de stocks, porque no había cómo reponer el material bélico que se utilizó en el intento de recuperación de parte del territorio nacional. La guerra que se desató en Yugoslavia, luego de la muerte del mariscal Tito, fue una guerra de flujos porque el material bélico se fabricaba fuera del teatro de operaciones, lo cual permitía reponer el que se utilizaba.
Las guerras de stocks son cortas; las de flujos son mucho más prolongadas. Piénsese en Rusia-Ucrania, que ya lleva cuatro años.
¿Puede Irán reponer el material bélico que está utilizando? No parece. ¿Cuánto le queda? No tengo como saberlo, pero, si estoy en lo cierto, está agotando un stock. Claro que ni Estados Unidos ni Israel disponen de recursos infinitos, pero todo indica que tienen más que Irán.
El fin de las hostilidades no supondrá el fin de los problemas. Chocolate por la noticia, pero no me diga que para usted es lo mismo una situación bélica que la recuperación luego de una contienda. Esperemos que la nueva etapa comience rápido.
En medio de todo esto apareció la cuestión del aumento del precio del petróleo y su repercusión en países como el nuestro. Superado el costosísimo enfoque energético encarado durante los gobiernos K, dejamos de ser importadores para volver a convertirnos en exportadores netos, con exportaciones de petróleo e importaciones de gasoil. No se deje llevar por las cotizaciones que aparecen en los medios de comunicación, focalizados en la porción especulativa del mercado de petróleo. El componente físico se basa en contratos mucho más estables.
Pero; ¿podrá ser…? El mundo de lo posible es demasiado vasto para guiar las decisiones. El Cisne negro, escrito por Taleb, es de lectura fascinante, pero no sirve para saber qué hacer.
