Nueva York.- Javier Milei oculta detrás de los agravios personales y las frases sin retorno la verdadera discusión del momento: cómo, cuándo y con qué intensidaNueva York.- Javier Milei oculta detrás de los agravios personales y las frases sin retorno la verdadera discusión del momento: cómo, cuándo y con qué intensida

Milei pelea contra su sombra

2026/03/14 07:30
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Nueva York.- Javier Milei oculta detrás de los agravios personales y las frases sin retorno la verdadera discusión del momento: cómo, cuándo y con qué intensidad puede la Argentina llevar adelante un proceso de apertura de su economía sin un costo económico y social tal que arruine una necesidad tan evidente.

“Aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros”, cerró su discurso el Presidente el martes en el auditorio del nuevo edificio del JP Morgan, un edificio imponente que acaba de inaugurarse en Park Avenue y que costó tres mil millones de dólares.

El impacto de ese mensaje fue inmediato. Molestó a los empresarios argentinos que habían ido a escucharlo a la primera edición Argentina Week. En semejante foto de negocios sorprendió a los potenciales inversores norteamericanos que nos esperaban con un mensaje lleno de menciones a disputas de entrecasa. El impacto mayor ocurrió en la Argentina, entre los empresarios industriales del país, y obligó a su organización, la UIA, a romper su silencio.

¿Debía sorprender un mensaje extemporáneo de Milei? El Presidente disfruta la ruptura como recurso y utiliza la provocación como anzuelo. En sus dos discursos en el Foro de Davos corrió los límites y plantó bandera de lo que su gente llama “batalla cultural”.

La primera vez en Suiza acusó de “desviados hacia el comunismo” a los dirigentes occidentales; un año después, cuando todos esperaban que mostrara los resultados de su gestión y convocara a invertir en la Argentina, se despachó con un furibundo ataque contra el wokismo, la diversidad y las políticas de género. Llegó a Nueva York días después de haber utilizado el 30 por ciento del tiempo de su discurso ante el Congreso para responder gritos y chicanas del kirchnerismo, en un debate quebrado por el monopolio del micrófono y el ocultamiento de la televisión oficialista de una de las dos partes enfrentadas.

Los ataques personales a Paolo Rocca, el titular de Techint, y a Manuel Madanes Quintanilla (Aluar, Fate, etc.) desvían el curso de la realidad. ¿Es toda la industria un enjambre de prebendas con los políticos de turno?

Entre los empresarios empieza a ganar consenso la idea de que Milei no quiere dejar en pie nada de lo viejo, haya o no haya sido protegido por las políticas que llevaron a la Argentina a una decadencia de varias décadas.

Un especialista cuyo trabajo en Nueva York consiste en seguir de cerca la economía argentina especula con la creencia que los empresarios argentinos toman de las palabras del presidente libertario. Dice: “El modelo al que parece apuntar está basado en la extracción y exportación de materias primas, cuyos precios no dependan de ninguna otra variable que los mercados internacionales. Es en ese sentido que todo producto con algún valor agregado es un contrasentido”.

El impulso de Milei, efectivamente, es una expresión visceral de sus convicciones ideológicas. Es lo que lo lleva a tratar de acomodar la realidad a sus ideas sin reparar en las consecuencias inmediatas y en los riesgos que eso suponga hasta para su proyecto de reelección.

Sorprende a más de un analista de la realidad argentina mirada desde los Estados Unidos que no haya ningún centro de estudios importante en el país analizando cómo llevar adelante una transición posible entre la cerrazón y el proteccionismo y la puesta en marcha del esquema de reemplazo basado en la explotación intensiva de las reservas de petróleo y gas y en un salto exponencial de la minería en la Cordillera de los Andes.

Milei no cree en estudios ni en planes. Y por ahora no ha dado ninguna señal para darle una chance de sobrevida por la vía de la reconversión a las viejas formas industriales que hasta hace medio siglo multiplicaron la población del conurbano bonaerense y de algunas ciudades del interior, como Córdoba o Rosario.

El futuro que Milei pretende como presente está muy lejos de esos conglomerados urbanos y se insinúa en el crecimiento exponencial de Neuquén y en la potencialidad de provincias como San Juan o Catamarca.

Imaginar una migración masiva de trabajadores hacia la franja oeste de norte a sur de la Argentina es un gran plan para un país que no tiene desafíos semejantes desde que la Generación del Ochenta fundó el Estado y desarrolló el país.

El problema hoy no es únicamente hacer realidad esa ilusión, sino el perentorio y pedestre tránsito de los próximos años.

Una cosa es la expectativa que provocó el interés por invertir en la Argentina para iniciar grandes explotaciones de minerales y energía en la Argentina Week. Otra, distinta, es la desconfianza que todavía despierta un país acostumbrado a defraudar a quienes apuestan por él.

Una de cal y otra de arena, en la caótica mutación global planteada por Donald Trump, el alineamiento de Milei con los Estados Unidos es hoy un factor que suma. Mucho más en la superficie del país real, el de todos los días, que muestra inquietantes signos de fatiga. El desempleo es un goteo persistente en las grandes ciudades, ahí donde el consumo muestra visibles signos de retroceso.

Desde Nueva York, los intérpretes de la realidad argentina agregan a ese panorama la cada vez más compleja tarea de bajar la inflación en los plazos prometidos por Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo.

Las peleas consecutivas que Milei exacerba como método no alcanzan para evitar un retroceso en la valoración positiva del Gobierno. La gran ventaja libertaria es que a pesar de perder apoyo, no hay opositor alguno que pueda recoger el beneficio de esa situación.

Milei pelea contra sí mismo, contra su propia sombra. Su desafío es cambiar la realidad sin ser derrotado por el propio intento de hacerlo.

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