La fotografía del PIB de 2025 que divulgó ayer el INEGI deja un mensaje doble.
Confirma que el crecimiento fue modesto —0.8% en el año— y que la economía navegó varios trimestres al filo de la recesión técnica. Pero también revela una recomposición interna: lo que evitó un resultado peor fue el empuje de los servicios; el “susto” vino por la industria y la “sorpresa”, por el campo.
Empecemos por lo esencial: el sector terciario es, por mucho, el corazón productivo del país. En el cuarto trimestre, las actividades terciarias concentraron 63.7% del valor agregado, frente a 31.8% de las secundarias y 4.5% de las primarias. De cada 100 pesos de producción, casi 64 se generan en comercio y servicios.
Los datos del propio INEGI permiten entender el año completo: en 2025, las actividades terciarias crecieron 1.4%; las primarias avanzaron 3.7%; y las secundarias retrocedieron (-1.1%). El saldo agregado quedó en 0.8%. Esta combinación —servicios al alza, industria a la baja— explica por qué el crecimiento se sintió “más flaco” de lo que sugieren algunos indicadores de consumo.
Si uno traduce esas tasas en puntos de crecimiento, se entiende quién cargó con el mayor peso. Con la proporción que tienen los servicios (cerca de dos terceras partes del PIB), un avance de 1.4% aportó alrededor de nueve décimas al crecimiento anual.
El campo, pese a su tamaño pequeño, añade cerca de dos décimas por su salto de 3.7%. Y la industria, con un tercio del producto y una caída cercana a 1%, resta alrededor de cuatro décimas. En conjunto: servicios sumaron +0.9 puntos, primarias +0.2 y la industria restó cerca de 0.4. El país creció poco, pero lo hizo porque el terciario compensó el bache industrial.
¿Dónde, dentro del terciario, está el impulso? En el desglose del INEGI para el cuarto trimestre aparecen cuatro “anclas” por tamaño: comercio al por menor (10.7% del PIB a precios básicos), comercio al por mayor (9.5%), servicios inmobiliarios y de alquiler (9.1%) y transportes, correos y almacenamiento (8.2%). Cuando el consumo aguanta y la logística se mueve, el PIB resiste.
La industria fue el lastre de 2025. Incluso en el cuarto trimestre, cuando el PIB repuntó 0.9% trimestral, el dato anual de la industria fue apenas 0.3%. Mejoró al final, pero no alcanzó para rescatar el año industrial.
Un dato del comunicado del INEGI ayuda a precisar el peso de cada componente dentro de las manufacturas: la industria alimentaria y la fabricación de equipo de transporte, juntas, representan 41.9% del PIB manufacturero del trimestre. Si esos engranes se frenan —por demanda externa o incertidumbre— el efecto se siente en cascada sobre transporte y comercio. Si se estabilizan, el efecto positivo se propaga hacia logística, empleo y servicios asociados.
El capítulo inesperado fue el primario. En el cuarto trimestre, las actividades primarias cayeron 2.7% en variación trimestral, pero subieron 6.0% en comparación anual. Esa volatilidad es típica: cosechas, clima y calendarios pesan mucho. Más revelador fue diciembre: el IGAE registró un alza mensual de 6.5% en primarias, una cifra que destaca en cualquier tablero. Para 2026, la oferta agropecuaria enfrenta el riesgo habitual de choques climáticos y costos; aun así, 2025 sugiere segmentos con productividad al alza que pueden seguir aportando, aunque su peso en el producto total sea pequeño.
¿Y qué dice esta radiografía sobre 2026? El INEGI ya ofrece una señal temprana con su Indicador Oportuno de la Actividad Económica: anticipa que en enero de 2026 el IGAE habría crecido 0.3% en variación mensual y 2.3% anual —un ritmo superior al promedio de 2025—, con avances en secundarias y terciarias. El consenso de analistas sigue prudente: las proyecciones recientes se mueven alrededor de 1.2%–1.4% para el año completo.
Con esa base, el guion luce claro: si la economía crece por encima de 1%, será porque los servicios sostienen el paso y porque la industria deja de restar. Pero el sector terciario no puede cargar solo: comercio y transporte se alimentan de producción; los inmobiliarios, de confianza y financiamiento; los servicios profesionales, de inversión.
2025 fue el año en que el comercio y los servicios evitaron un tropiezo mayor, el campo dio una sorpresa positiva y la industria quedó a deber.
Para 2026, el reto no es inventar motores: es lograr que el sector industrial vuelva a encender y que el dinamismo de los servicios no sea solo inercia.
Con la revisión del T-MEC en el horizonte —un factor que incide directamente en la manufactura de exportación, incluido el equipo de transporte— y con la inversión sensible a la certidumbre, la lección del PIB es simple.
México no puede darse el lujo de mantener el freno puesto.

